David Encaoua · Mayo de 2020 · Sifriaténou
El texto que presentamos es la traducción personal de una versión inglesa; se encuentra en el estudio de Fred Rosner, The Physician's Prayer attributed to Moses Maimonides, Bulletin of the History of Medicine, Vol. 41, n° 5 (Septiembre-Octubre de 1967), p. 440-454.
En tu Providencia eterna, me has elegido para velar por la vida y la salud de tus criaturas. Estoy a punto de aplicarme a los deberes de mi profesión. Sostenme, Dios Todopoderoso, en estos grandes trabajos que pueden beneficiar a la humanidad, pues sin tu ayuda, ni la menor cosa logrará su fin.
Inspírame amor por mi arte y por tus criaturas. No permitas que la sed de lucro, la ambición de la fama y la admiración interfieran con mi profesión, pues son los enemigos de la verdad y del amor por la humanidad y pueden engañar en la gran tarea de velar por el bienestar de tus criaturas.
Preserva la fuerza de mi cuerpo y de mi alma para que estén siempre dispuestos a ayudar y a sostener a los ricos como a los pobres, a los buenos como a los malos, a los enemigos como a los amigos. En la víctima, déjame ver solo al ser humano que sufre.
Ilumina mi mente, que reconozca lo que se presenta y que pueda comprender lo que está ausente u oculto. Que no deje de ver lo que es visible, pero no le permitas arrogarse el poder de ver lo que no puede ser visto, pues delicados e indefinidos son los límites del gran arte de cuidar de la vida y de la salud de tus criaturas.
Haz que sea moderado en todo, pero insaciable en mi amor por la ciencia. Aparta de mí la idea de que puedo todo. Dame la fuerza, la voluntad y la ocasión de ampliar cada vez más mis conocimientos.
Reordenador de la Ley, Maimónides sigue siendo un eslabón esencial en la cadena de la tradición judía; fue también un pensador eminente. Pero méritos tan considerables podrían ocultar sus escritos médicos, que de ningún modo son una parte menor de su obra. ¡Maimónides sabio talmudista, Maimónides filósofo mayor de la Edad Media… y además, Maimónides hombre de ciencia!
¿Cómo conciliar, e incluso unificar, estos tres dominios que la modernidad nos ha enseñado a separar radicalmente? Pues lo que se nos aparece como direcciones múltiples bien podría en realidad converger y participar de un designio único y coherente en su diversidad. La curación por el conocimiento, o más precisamente lo que se designa como la curación por el espíritu, constituye la pieza maestra del enfoque médico adoptado por Maimónides, pero lo es igualmente ya en la Guía de los Perplejos y no menos en el Mishné Torá.
Si se compara con la versión original del Juramento de Hipócrates, se constata una diferencia importante. En el Juramento de Hipócrates, el médico presta juramento ante las divinidades tutelares de la medicina. En la Oración, no se trata en absoluto de un juramento del médico ante el Dios Creador, sino del reconocimiento por parte del médico de que extrae su capacidad de sanar de Dios mismo, en tanto que Creador de las criaturas que el médico se compromete a sanar.
Es una obligación religiosa (mitsvah) la que se impone al médico de sanar al enfermo. Maimónides la hace derivar del versículo de Deuteronomio 22:2. El médico actúa como un profeta al que Dios habría dado instrucciones para instruir al pueblo.
El ejercicio de la medicina según la Oración exige del médico una forma de dulzura, de armonía o de moderación, incitando a evitar las prácticas abusivas y pesadas. Deben evitarse las medicaciones pesadas o duras, el recurso a frecuentes flebotomías (sangrías), o también las intervenciones quirúrgicas inopinadas. Se prefieren formas de intervención suaves: una dietética alimentaria apropiada, medicaciones a base de plantas, el recurso a un ejercicio físico permanente, y sobre todo la búsqueda de una armonía psíquica, para que el cuerpo no sea perturbado por el desorden del espíritu. Prevenir antes que sanar parece ser la consigna.
La Oración remite a una concepción personalizada de la relación con cada paciente. El médico no puede acceder a la comprensión de cualquier desarreglo corporal de su paciente si no se ha tomado la molestia de conocer previamente mejor los rasgos sobresalientes de la personalidad del paciente, de su estilo de vida, de sus inclinaciones y de su estado mental en general. El cuidado dado al cuerpo enfermo nunca debe eximirse de la indagación sobre un eventual origen psíquico de la enfermedad.
Es a través de este componente psicosomático como conviene comprender la noción maimonidiana de curación por el espíritu.
Restringir el diagnóstico médico al puro desarreglo corporal es un obstáculo para la curación. Solo puede superarse si se apela al espíritu, tanto el del médico inspirado como el del paciente desesperado. En este sentido, el lema médico de Maimónides no sería «una mente sana en un cuerpo sano», sino más bien un «cuerpo sano por medio de una mente sana». ¡No mens sana in corpore sano sino más bien corpus sanum pro mente sana!