Las divisiones de la sociedad israelí, analizadas desde el punto de vista del judaísmo

David Encaoua · Mayo de 2024 · Tribune Juive

La sociedad israelí atraviesa un período de profundas divisiones que rebasan los habituales clivajes políticos. Estas divisiones —entre religiosos y laicos, entre asquenazíes y sefardíes, entre los partidarios de la colonización y los de una paz negociada— pueden parecer incomprensibles a través del solo prisma de la sociología política contemporánea.

Por ello conviene aplicarles una lectura anclada en las fuentes del judaísmo mismo. El Talmud, las responsa de los Gueonim y de los Rishonim, y en particular los escritos de nuestros antepasados Encaoua, nos enseñan que la disputa por el bien («Mahloket le-shem Shamayim») es fecunda, mientras que la disputa por la dominación es destructiva.

La tradición sefardí, heredada de Andalucía y del Magreb, ha desarrollado una visión del klal Israel —de la comunidad de Israel en su conjunto— fundada en la inclusión y el diálogo. El propio Rabí Éphraïm Aln'Kaoua, en su Chaar Kavod Hashem, insiste en la unidad espiritual que trasciende las diferencias de prácticas.

La fractura entre asquenazíes y sefardíes es real, pero a menudo es instrumentalizada políticamente. Los sefardíes, portadores de una tradición multisecular de convivencia con los pueblos árabes y bereberes, aportan una sensibilidad particular a toda reflexión sobre la paz en Oriente Próximo.

La fractura religiosos/laicos es quizá la más peligrosa. Reposa sobre un malentendido fundamental: la identidad judía no es reductible a la observancia ritual. Es también memoria, lengua, cultura, solidaridad. Es lo que nos enseña la larga historia de los Encaoua, que fueron a la vez grandes rabinos y hombres de mundo.

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