Capítulo 2 — Los judíos de España antes de los Encaoua

Las fuentes latinas mencionan la presencia de comunidades judías en Hispania desde el siglo I de la era común.

2.1 Los judíos de Hispania en la época romana y visigótica

La epigrafía funeraria judía de la península ibérica revela la existencia de sinagogas en Mérida, Toledo, Barcelona y otras ciudades importantes. La tradición rabínica hace remontar la instalación de los judíos en España a la época del primer Templo. El Concilio de Elvira (300-306) contiene las legislaciones cristianas más antiguas relativas a los judíos de Hispania, atestiguando una presencia judía estructurada e interacciones frecuentes entre comunidades. Bajo los visigodos, la legislación antijudía del rey Sisebuto (612) provocó conversiones forzadas masivas, prefigurando los ciclos de persecución que marcarán los siglos siguientes.

2.2 La edad de oro bajo al-Ándalus

La conquista árabe de Hispania en 711 abrió un período extraordinario para los judíos de la península, a menudo calificado de «edad de oro» (ha-tequfá ha-zahavit). Bajo los Omeyas de Córdoba, familias como los antepasados de los Encaoua forjaron su identidad erudita. Hasdaï ibn Shaprut (915-970), médico y diplomático en la corte de Abderramán III, encarna esta simbiosis cultural. Los grandes poetas Shlomo ibn Gabirol, Yehouda Halevi y Moshe ibn Ezra hicieron del hebreo una lengua de alta literatura. Es en este terreno intelectual donde prosperaron las primeras generaciones conocidas de los Encaoua.

2.3 Las grandes figuras intelectuales del judaísmo ibérico

La España judía medieval produjo una constelación de pensadores cuya influencia fue considerable sobre el linaje Encaoua. Maimónides (1138-1204), nacido en Córdoba, es el más ilustre: su Guía de los Perplejos y su Mishné Torá son las referencias filosóficas y halájicas que defenderá más tarde Éphraïm Al-Naqua en el Sha'ar Kevod Hashem. Nahmánides (1194-1270), de Gerona, representa la corriente mística y cabalística, en tensión creadora con el racionalismo maimonideo. El Rashbá (1235-1310) de Barcelona, el Rosh (1250-1327) de Toledo, y el Rivash (1326-1408, exiliado en Argel en 1391) forman la cadena de transmisión en la que se inscriben los Encaoua —en la encrucijada de las tradiciones castellana, aragonesa y catalana.

2.4 La Reconquista y la degradación de la condición judía

La Reconquista cristiana, que recuperó progresivamente los territorios musulmanes entre los siglos XI y XV, transformó profundamente la condición de los judíos de España. En los reinos cristianos, los judíos gozaban inicialmente de una condición relativamente favorable —protegidos por los reyes que apreciaban sus competencias fiscales, médicas y diplomáticas. Pero a partir del siglo XIV, el auge de la predicación antijudía, la peste negra de 1348 (de la que los judíos fueron acusados) y la inestabilidad política crearon un clima de violencia creciente que culminó en las matanzas de 1391. Es en este contexto donde los Encaoua vivieron sus últimas décadas en España —un mundo donde su prestigio rabínico ya no bastaba para protegerlos del furor popular.

2.5 El sistema de las aljamas y la vida comunitaria

Las comunidades judías de España se organizaban en torno a aljamas —unidades comunitarias autónomas que disponían de sus propias instituciones religiosas, jurídicas y educativas. Cada aljama estaba dirigida por un consejo de notables y encuadrada por rabinos que ejercían una jurisdicción civil y religiosa sobre los miembros de la comunidad. Este sistema, reconocido por los reyes de Castilla y de Aragón, confería a los judíos una autonomía jurídica considerable. Los registros fiscales (pecheros) y las ordenanzas comunitarias (Takkanot) atestiguan una vida judía organizada y floreciente. Es en este marco institucional donde los Encaoua ejercieron sus funciones rabínicas y judiciales —un marco que tratarán de reproducir en el Magreb tras los exilios de 1391 y 1492.

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